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Distrito Rojo >> Fiesta salvaje
Relajate y goza
Por Gabriel Perez
En una Buenos Aires cada vez más desinhibida, personas convocadas vía mail liberan sus fantasías sexuales en una orgía anónima y bien caliente.
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Como si alguien hubiese enviado una señal imperceptible, algunos hombres toman la iniciativa y comienzan a desnudarse en compañía de varias mujeres.
Antes habían estado conversando mansamente, trago en mano, música dance, cuerpos calientes en espera. Llegaron tentados por un anzuelo implacable: ‘La primera fiesta salvaje de la Argentina'. Como si el nombre fuera poco explícito, el mail de invitación vino con la leyenda ‘sexo asegurado'. En un boliche de Recoleta, curiosos, swingers y parejas con ganas de experimentar cayeron en la tentación y, previa reserva y pago de entrada, asistieron al encuentro.
La imagen de los primeros hombres en iniciar la acción actúa como un imán sobre el resto de la concurrencia, que a paso lento pero decidido se acerca al reservado. Algunas parejas llegan de la mano, otros abrazados. Se sientan a un costado a contemplar la escena. El silencio se puede escuchar, pese a la música estridente. Ya nada importa para los 40 que se agrupan en el sector apartado de la discoteca. Ni siquiera las ropas, que lánguidamente empiezan a desvanecerse en el suelo. Llegó la hora de cojer. Anónimamente.
Las palabras parecen sobrar, nadie gime estruendosamente. Los cuerpos desnudos se pasean de un lado a otro del reservado. Un poco de sexo oral aquí, un beso fugaz, manoseos. Las mujeres cumplen un rol pasivo, no atacan, pero dominan la situación. Tienen el poder de decir que no, aunque pocas lo ejercen. Algunas disfrutan de ser vistas por su pareja mientras son penetradas por una pija ajena.
El caso paradigmático es el de una gordita, que dejó a su gordito sentado en uno de los sillones laterales para dedicarse exclusivamente a probar la humanidad de todos los concurrentes, mujeres incluidas. Se siente un objeto de deseo. Su pareja la vislumbra y ensaya una masturbación. Fracasa. Todavía no logra entrar en clima. Hasta que una morena con cuerpo de guitarra le exprime el primer orgasmo de la noche. Luego vuelve a sentarse cerca de su gordita, que sigue cabalgando cuerpos. La orgía es vigilada por un patovica, que impávido reduce su trabajo a facilitar preservativos, ya que nadie perturba el clima.
En otro rincón, dos jóvenes son los únicos vestidos. Recién llegados a la orgía, no saben cómo pedir permiso. A él los ojos se le están por caer. Ella lo toma de la mano pensativa. Luego de un fugaz cruce de palabras, una mujer la desnuda, mientras su novio comienza a franelearla por detrás. Pero ella no conecta y decide sentarse a los pocos minutos. Por el contrario, él parece un famélico suelto en un tenedor libre, las manos no le dan abasto, compulsivamente pasa de una mujer a otra. Mientras esos cuerpos se confunden allá arriba, en la planta baja del boliche, Rodrigo Conde, creador de la Fiesta Salvaje, sonríe feliz.


Nueva Roma
“Quiero volver a la idea romana de la sexualidad libre. Regresar a la orgía como un punto de reunión de las fantasías de todos”, explica Conde. Lector –y escritor- compulsivo de literatura erótica, sorprende al confesar que no consume putas ni frecuenta cabarets. La idea casi le repugna. “No acepto drogas, ni estimulantes de ningún tipo, sólo un poco de alcohol. La idea es pasarla bien, con respeto. Quiero evitar momentos densos”, aclara. Se preocupa por mostrarse culto y su discurso dista de ser improvisado. Por el momento, su ideal de orgía incluye solamente a jóvenes heterosexuales. Aunque, claro, hace la vista gorda si las nenas juegan con las nenas. “No hay discriminación. Simplemente creo que los gays ya tienen sus fiestas, al igual que los travestis. Y quizás una persona de 25 años no se sienta muy cómoda interactuando con otra mayor de 50.”
Antes de ver concretada su idea, tuvo que sortear varios prejuicios, demostrar que no era una avivada criolla, que no había ‘gato encubierto', que los solteros iban a tener sexo sí o sí. “Los únicos que ingresan gratis son las mujeres solas y las parejas. En cambio los solos sí pagan una entrada, aunque una vez adentro está prohibido pagar por sexo. Para cumplir con lo que dice la invitación, que el sexo está asegurado, en la fiesta hay ‘animadoras': actrices pornos amigas que se encargan de que nadie la pase mal. Son siete diosas que se pueden ver en la página fiestasalvaje.blogspot.com.”
De a poco se va serenando la noche. Antes de perderse cada uno por los laberintos de la ciudad, los rostros que momentos antes eran anónimos toman vida. Se forma una ronda donde todos dialogan ya vestidos. Quizás intercambien mails o compartan experiencias. Muchos prometen volver a la siguiente edición de la Fiesta Salvaje, que será el próximo 19 de julio. Al abandonar pacíficamente el recinto, sin saberlo, confirman una máxima del anfitrión: “El sexo es una gran catarsis. Una persona que tiene sexo, no puede ser violenta. En un plano básico es terapéutico, en uno más elevado es espiritual”.





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