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Deja Vu >> Norberto Galasso
Al lado del camino
Por Gabriel Perez
Cercado por paredes empachadas de libros, Galasso hace un repaso crítico del papel desempeñado por la izquierda en nuestro país desde una visión nacional y popular, como ya lo había hecho en sus obras fundamentales ‘De la Banca Baring al FMI', ‘Seamos libres y lo demás no importa nada' (biografía de José de San Martín) y ‘Perón'
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“ No me siento a gusto con la marginación, que es evidente”, sostiene con voz tenue y lenta Norberto Galasso. Frecuentemente calificado como un historiador maldito, no pertenece al grupo de historiadores ‘marketineros' ni a la solemnidad academista. Su prolífica obra rescata personajes también ignorados, o como le gusta decir, “silenciados”: Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui y Manuel Ugarte, entre tantos.
“Hoy tenemos conocidos en el Gobierno, Eduardo Luis Duhalde y Nilda Garré, por ejemplo, pero cuando pedí hablar de historia en Canal 7, no se pudo hacer. Mi libro de San Martín fue publicado en Venezuela y Cuba, y acá sólo recibió un comentario en la revista de las Madres de Plaza de Mayo”, continúa.
Ante esta situación, Galasso encuentra una salida “en la resistencia ideológica, haciendo discusiones, publicando una visión crítica de la historia. Siempre con la idea de gestar un espacio de izquierda nacional, aunque esa tarea no sea sencilla”.
Su último trabajo se llama, precisamente, ‘Aportes críticos a la izquierda argentina'. “Lleva como subtítulo ‘Socialismo, peronismo y la izquierda nacional'. Trata de aportar elementos a la explicación de esta historia complicada de la izquierda y sus vertientes. Su imposibilidad de entroncar a los trabajadores en un partido.”


RP ¿Por qué no se pudo dar ese acercamiento entre la izquierda y los trabajadores?
NG_ Son varios los factores. Uno de ellos surge en su concepción, porque en realidad la izquierda argentina nace antes de que hubiera concentración de obreros en las industrias. Es consecuencia de la inmigración, de los inmigrantes que traen ideas socialistas y anarquistas, cuando este país está recién conformando un modelo agroexportador sin fábricas. Eso hace que la izquierda sea sustentada generalmente por sectores de clase media, que no terminan de romper con el discurso de la clase dominante y admiten la historia mitrista, la economía oficial y la literatura como una diversión y no como una cuestión de contenidos profundos. A raíz de esta situación, lo que se ha conseguido es una izquierda liberal, un ala progresista de la oligarquía, se podría decir.

RP Una oportunidad perdida fueron las asambleas barriales post 2001.
NG_ Al final de mi libro se plantea que esa era la gran ocasión, pero que se dejó pasar. Luis Zamora, por ejemplo, que se perfilaba como un político referente de las asambleas, porque quizás estaba influido por el pensamiento de que toda organización es una burocratización. El Partido Comunista y otras agrupaciones, porque tenían viejas rencillas; acá en Parque Patricios se agarraron a las trompadas para controlar un acto. En vez de acercarse al vecino que en algunos casos estaba haciendo sus primeras incursiones políticas, tratar de hacer una federación de asambleas, se hizo todo lo contrario. l? (risas). Entonces nos llovían todas las cosas raras. tenemos, no hay otra.

RP Se imaginará que las críticas van a llover luego de la publicación del libro.
NG_ Todo lo que digo lo fundamento y además está hecho, como diría el viejo Jauretche, no porque yo sea un vivo, sino un gil avivado, ya que me inicié en el Partido Socialista. A tres cuadras de mi casa había una fábrica que producía polvos para hacer flanes; yo con mis lecturas creía que todos los obreros eran socialistas. Un día fui a ver a un trabajador vecino y me dijo que eran todos peronistas. Si hubiera persistido en decir que eran peronistas porque eran analfabetos, no sabían de política, porque no habían leído los libros que yo cargaba debajo del brazo, me hubiera quedado en algunas de estas sectas, predicando un socialismo a rajatabla, y despreciando la experiencia de esos trabajadores que veían los cambios en las fábricas, que veían que había un delegado, que había ocupación plena. Eran avances, no era estratégicamente el objetivo –que sigo pensando que es el socialismo- pero había que acompañar esa experiencia popular.

RP ¿Incluso con todo lo negativo del movimiento peronista: culto al líder, cierta simpatía por el nazismo, poca tolerancia con la oposición…?
NG_ Perón es el resultado de fuerzas que querían expresarse en ese momento. El Ejército tenía sectores antibritánicos, algunos directamente pronazis, sectores industrialistas, la clase trabajadora estaba en ascenso, con una ocupación plena, porque en el 35 empieza a crecer la industria y tenían una fuerza grande los trabajadores, sino no hubieran hecho el 17 de Octubre, había un empresariado nacional nuevo también y todos ellos no tenían un partido. Entonces encuentran en su camino a Perón y él hace una síntesis. En 1955 se va porque esa síntesis se le desintegra en las manos, muchos de esos sectores le dieron la espalda, y en el ‘55 Perón se queda con los trabajadores, y si bien tenía la fuerza militar para sofocar el golpe, tendría que convertirse en un partido obrero, y no era esa su característica. Cuando vuelve cree que puede recomponer el pacto social en condiciones distintas, y ahí creo que juega una parte fundamental su situación personal: el hecho de que tenía dos años más de los que se sabía y que estaba mal de salud. Además existía una burocracia sindical bastante fuerte, y por otro lado había un sector armado guerrillero muy importante dispuesto a jugarse la vida pero que no entiende que el líder es Perón. Ellos creyeron que podía codirigir con él y para Perón eso era algo horrendo. En medio de todo esto, él hizo su juego pendular, que es típico de los líderes nacionales de movimientos policlasistas.

RP Usted pertenece a la generación anterior a esa ‘juventud maravillosa'. ¿Cómo vivió –o sobrevivió- los setentas?
NG_ Mi mujer, que era diez años menor, militaba en la Jotapé. Yo era amigo de algunos de ellos, como Dardo Cabo. En el ‘71 yo era un tipo de la izquierda nacional aislado, sin partido. En el ‘76 estuve a punto de irme a Venezuela. Pero por otra parte, estoy absolutamente convencido de que los Servicios de Informaciones no trabajaban al día. Entonces sólo recibí amenazas telefónicas. Lo que sí hice fue llevar mis libros más peligrosos a una casa deshabitada, y fui pateando la situación como pude. En el ‘77 hicimos algo que hoy parece medio delirante: publicamos ‘Política y Economía', que eran artículos periodísticos de Jauretche, donde este autor critica a Alzogaray. Incluso cuando Jauretche decía el ministro Alzogaray, yo le borraba el apellido, profundizando el peligro, porque parecía que se estaba criticando a Martínez de Hoz. Después del golpe nos encontramos con una peronismo que distaba de ser lo que fue históricamente, aparecen Lúder, Herminio Iglesias.

RP ¿Néstor Kirchner representa ese ideal de peronismo?
NG_ Kirchner surge en 2003 como algo diferente al resto de los políticos. Esa diferencia en algunos momentos está en penumbras por casos de corrupción. Pero por otro lado, uno observa que la derecha está haciendo todo lo indecible por sacarlo del Gobierno, que levanta sus hombres, como Mauricio Macri y también está creando un fenómeno que es una coalición con una máscara izquierdista donde se oculta gente reaccionaria como el rabino Bergman, Bergoglio, Olivera. Quizás sea una derecha no tan repudiable, que incluso habla de distribución de ingresos, pero no es una oposición al Gobierno superadora.

RP Usted hizo un análisis de la historia argentina con la deuda externa como hilo conductor. ¿Cómo tomó el hecho de que este Gobierno haya decidido reconocer esa deuda ficticia y pagar íntegramente al FMI sin ni siquiera pedir una quita?
NG_ Creo que la deuda externa tendría que haberse discutido inmediatamente después de finalizada la dictadura. Cuando esto no se hace y empiezan las negociaciones, como el Plan Brady, Blindaje y Megacanje, se está admitiendo su existencia. De cualquier manera fue importante el pago ya que significó que se dejaran de joder con esas visitas traumáticas. Creo que la única solución que queda es patear el tablero, y sólo se puede hacer si este proceso de integración latinoamericana avanza hasta el extremo -como ya se está hablando- de crear una fuerza armada regional. Y ahí sí plantear en conjunto que la deuda fue una gran estafa.

RP Por ultimo, ¿está de acuerdo con el socialismo del siglo XXI que pregona Chávez?
NG_Hay que apoyarlo. A lo mejor ni el mismo lo tiene en claro, pero lo cierto es que a un canal de televisión que conspira contra él, le quita la concesión. Y esto está bien, porque ésa es la verdadera libertad de prensa, no la libertad de empresa para que te den un golpe. La división de tierras, la misión de los médicos de Cuba en Venezuela, son medidas positivas. Hay que destacar que parten de un nivel extremadamente de atraso: había una cantidad de gente indocumentada, y en un año y medio han alfabetizado a un millón de personas. En Venezuela, a la izquierda de Chávez no hay nada.





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